Gallos, del dolor y otras historias

El cuadro queretano es uno de los equipos que más sufrimiento ha arrastrado a lo largo de su existencia, pero también el que mantiene una afición que siempre se mantendrá al pie del cañón

Gallos se encuentra frente a otra identidad directiva con su inminente venta, ante nuevos jefes, recursos económicos, entrenador, jugadores, pero hay algo que se queda y que, aunque el equipo cambie de dueño mil veces, nunca se podrá modificar: la afición.

Son ellos los únicos que mantienen su lealtad a una realidad que no deja de cambiar y evolucionar según los intereses del momento. El futbol es un negocio, pero también es pasión y amor a los colores y al escudo.

Gallos podrá ser otro mañana, tener otros colores, pero nunca cambiará la esencia de quien los apoya, de quien cada 15 días le otorga su tiempo, su dinero y su corazón. El sentimiento es necio y así se mantendrá.

“Yo no imagino mi vida sin Gallos Blancos, por supuesto que podrá seguir y seré feliz, pero mi equipo siempre será parte de mí, no la franquicia de la Liga MX… mi equipo”, explica Francisco Pérez, ferviente aficionado del cuadro plumífero.

Por su parte, Juanita Gavidia, fiel seguidora albiazul, reconoce: “Gallos es sentirse orgullosa de ser queretana, de haber crecido entre barrios y comercio; Gallos es caminar de la mano con mi esposo ataviados con nuestras playeras para ir a ver jugar al equipo de nuestros amores. Gallos es mi vida. Nuestra historia es dolorosa, pero apasionante”.

En el imaginario, la afición apoya un equipo tangible, pero ser aficionado es más que ello, a veces no son los jugadores en turno, sino el orgullo de pertenencia de ser Gallo, de legado familiar, recuerdos y amistades.

“Gallos Blancos, más que un equipo con una historia lineal, es un imaginario colectivo de la ciudad de Querétaro. Es bien complejo hablar de la identidad de Gallos precisamente por los cambios de franquicia, lo curioso es que en 70 años se han mantenido símbolos o mitos que trascendieron y viven en la mente y corazón de la afición, parte de la identidad y sentido de pertenencia de Gallos radica ahí. No es tan sencillo de entender y querer”, menciona Francisco.

La identidad de un equipo no es el dinero en el que está valuado, tener a las figuras del momento, la cancha o el mejor uniforme, es la emoción que te envuelve cada que silba el árbitro por otros 90 minutos en los que se enlaza una historia del campo con la de la afición y se cruzan para formar historias de vida.

“La identidad del equipo son los aficionados, esos que como mi papá (Fernando Gavidia) siguen al equipo desde hace 40 años, esos que como yo conocimos a Gallos en la desaparecida Primera A y que a pesar de todas las porquerías que han hecho desde la federación, aquí seguimos, la identidad de Gallos es sin duda el aficionado”, acota Juanita.

Ser aficionado también es dolor, un dolor punzante y agudo que te deja exhausto, pero te mantiene los 90 minutos alentando. Con la compra y en caso de una posible mudanza del equipo a otra sede, los aficionados conocen ese sentimiento amargo.

“Me duele que no exista un capital queretano que le invierta al equipo para tener certeza y estabilidad, me duelen los movimientos y cambios, pero, como decía, es algo a lo que estamos acostumbrados. Los jugadores, franquicias, directivos, van y vienen… Gallos es la gente que lo sigue desde 1950”, sentencia Pérez.

“Obviamente se siente impotencia, coraje y tristeza, nuevamente nos toman como el comodín, otra vez por decisiones de los de pantaloncillo largo estamos con la incertidumbre de no saber qué pasará con nuestro equipo”, exhorta Gavidia.

A donde tú vayas, yo iré

Si Gallos se va, el recuerdo se mantendrá hasta que haya un nuevo equipo que llene el hueco de lo tangible, mas no de lo que hay en el alma de los aficionados.

“Ya nos desaparecieron una vez. Los que somos Gallos de verdad y no de ocasión nos quedaremos con ellos a donde vayan. Ya estuvimos en el infierno del descenso, vivimos años en el Ascenso, por un tiempo no tuvimos equipo, pero el amor de Gallos siempre se mantuvo, mi amor por ellos es inmortal”, afirma Juanita Gavidia.

“Para la afición queda ser pacientes e inteligentes, nosotros no vamos a comprar un equipo de Primera División, pero podemos generar iniciativas para algún día tener un equipo, tener a nuestros símbolos en la ciudad y soñar y esperar que ese equipo sea eterno en Querétaro, como lo será el sentimiento de la afición”, refiere Paco.

“Juramos amarnos hasta la muerte”

Gallos va más allá de un equipo, de un nombre, es un sentimiento arraigado que crece en los aficionados y que se trasmite de generación en generación.

“Para mí, Gallos significa una tarde de padre e hija viendo la pasión de mi ‘gordito’ y amor a su equipo. Gallos es ver los ojos llenos de lágrimas de mi papá al recordar las glorias de su equipo, escucharlo platicar anécdotas con nombres y hasta minutos de las jugadas. Gallos es un viaje al Jalisco para acompañarlos en el descenso y salir además de derrotados con el alma llena de orgullo. Gallos es orgullo, tradición, amor, un lazo entre mi papá y yo, porque él me enseñó este camino. Gallos es llorar de alegría y también de tristeza”, confiesa una emocionada Juanita Gavidia.

“Es una pasión difícil de entender. Me gustaría mucho que mi equipo hubiera tenido la continuidad de otros equipos, creo que todo sería más fácil. (…) La verdad nos hemos curtido a lo largo de los años y así como a nuestros padres les tocó, ahora nos puede tocar a nosotros aguantar la incertidumbre”, cuenta Francisco y agrega: “Gallos es… es mi familia, es mis amigos, es una innumerable cantidad de tardes y noches en el estadio Corregidora. Tengo más de 20 años de ir al estadio y estoy seguro que seguiré asistiendo, es una parte importante y grande de mi vida. La más importante de las menos importantes”, finaliza Francisco Pérez.

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